Teóricamente, es un buen día.

La primavera adelantada que se empeña en aferrarse a Agosto, confundiendo a fauna y flora, despereza los corazones más dispuestos. El celeste del cielo, la tibieza del sol, el alma que busca salir y descubrir nuevos horizontes.

¿Y si salimos?

Su voz se ilusiona a medias. Me conoce. Sabe que la luz solar me incomoda y el bullicio de la gente me desquicia. Nada pierde intentando. Quizá algún día me saque el piyama y le diga: dale, salgamos. Y ponga mi mejor cara, y permanezca imperturbable ante los llantos de niños caprichosos, los gritos de los adolescentes, lo patético de las parejas sentadas ante dos tazas de café sin dirigirse la palabra.

Pero hoy no. Hoy para mí es un domingo cualquiera dentro de mi caparazón.

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